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  Eva Ivanyi productora y gerente cultural
"Se ha convertido en un pecado opinar"
"El Teresa Carreño se hizo un gran elefante blanco, un espacio más del Gobierno"


"Parece que la política se hubiera entrometido en tu vida privada, en tu trabajo, en tus relaciones", lamenta Ivanyi (Vicente Correale)
La imagen del Teatro Alberto de Paz y Mateos en ruinas, con un indigente durmiendo en sus escaleras, es una tragedia que supera cualquiera que Eva Ivanyi haya producido alguna vez. Para la productora y gerente cultural, la terrible postal es un reflejo de lo que ocurre con la cultura en el país.

Si bien el sector oficial la ha apartado a ella y a otros artistas críticos del mundo cultural, otro sector valora lo que ha hecho en casi 40 años de carrera y la ha reconocido con el Premio Fernando Gómez.

Ivanyi no cree que haya ingenuidad en las acciones que han acompañado a la gestión oficial de la cultura en la última década.

-¿Qué significado tiene para usted el premio?

-Hay realmente muy pocos premios para los que hacemos teatro y me conmueve porque toda la gente que lo otorga es muy prestigiosa, personas con las que yo he trabajado. Entonces es una muestra de aprecio al trabajo, a los largos años de vida que uno lleva en este medio.

-¿Ya son cuántos años?

-Yo empecé en 1972. Elías Pérez Borjas e Isaac Chocrón necesitaban productores en El Nuevo Grupo. Yo era muy cercana a ellos y me pidieron que empezara a producir. De las primeras cosas que monté fue El testamento del perro que montó Álvaro de Rossón; el vestuario lo hacía Jacobo Borges.

-¿Cómo llega al Teatro Teresa Carreño?

-Pérez Borjas pasó a ser el secretario general de Fundarte. Después de que se reinauguró el Teresa (1984) lo llamaron para ser director del teatro, entonces él me llamó para que fuera la directora de producción artística. Allí tuvimos retos altísimos, él nos encomendó producir dos temporadas de ópera y dos de ballet y no teníamos repertorio, era un compromiso absoluto. Éramos un poco más de 100 personas, incluyendo al coro que eran como 40, y bailarines.

-Llega a ser presidenta del teatro.

-En 1999 me llamó Alejandro Armas (presidente del extinto Consejo Nacional de la Cultura). Entonces acepté con la condición de que el teatro volviera a ser un espacio artístico productor de espectáculos.

-¿Acaso había perdido esa vocación?

-No la vocación, sino que el teatro fue engrosando mucho su nómina: de esas ciento y pico de personas que éramos en 1984, cuando volví eran casi 500 las que trabajaban allí. Había un exceso de burocracia, una estructura de cargos que se adaptaba más a la administración pública y no al ejercicio puro y pleno del compromiso con el teatro.

-¿Entonces la descomposición del Teresa Carreño comienza antes de la actual gestión?

-Yo no diría descomposición, digamos que la extremada burocracia hizo que la administración de empleados fuera un peso muy grande para el que tuviera la responsabilidad de este teatro. Se había creado un sindicato, unos horarios de trabajo que a veces resultaban ridículos... era un teatro con una estructura más propia de un ministerio.

-¿Qué es lo más condenable de la actual gestión?

-Haber condenado a ese teatro a la inactividad, un espacio que casi siempre está oscuro -ahora me imagino que con más razón por los racionamientos eléctricos-. Antes estaba encendido todas las noches, con gente yendo todos los días a ver algún espectáculo, era un ente que estaba vivo. Ahorita siento que se hizo un gran elefante blanco, un espacio más que el Gobierno tiene para presentar sus propios espectáculos.

-¿Y en líneas generales, qué pasa con la cultura? ¿Qué pasa, por ejemplo, con ese circuito cultural que comenzaba en Parque Central y culminaba en la Casa del Artista?

-Ese es el circuito cultural con el cual el Gobierno ha hecho un esfuerzo por apropiarse. Creo que es una involución tremenda, no he sabido de nadie que haya ido a ver algo en el Museo de Ciencias, por ejemplo. Cuando Sergio Antillano fue la época en que estuvo más vivo ese museo. Lo mismo te puedo decir de la Galería de Arte Nacional, del Museo de Bellas Artes... Hay un gran vacío.

-¿Y cree que esa involución de la que habla es intencional o sencillamente es producto de la ineficiencia?

-Por supuesto que son ineficientes, porque yo no creo que sean planificados los cortes eléctricos o los cortes de agua, eso es símbolo de ineficiencia. Pero creo que del terreno cultural no había habido tiempo de ocuparse; ahora sí deben haber algunas cabecitas pensando en cómo debe manejarse el mundo de la cultura, por supuesto, excluyendo a todos los que hemos participado en éste antes.



-¿Para crear qué?

-Quién sabe, a lo mejor hay alguna gente que piensa que puede sustituir a todas estas personas de las generaciones anteriores, que hemos trabajado en este medio. Yo tengo más de 30 años trabajando en este medio, Héctor Manrique tiene menos que yo, es muy joven, debería ser una de las personas más importantes del teatro venezolano -de hecho, lo es-, entonces ¿por qué cada vez tiene menos posibilidades de trabajar y montar sus obras? Eso no puede ser solamente efecto de la ineficiencia, tiene que ser porque él ha expresado sus ideas de cómo debe funcionar el mundo cultural... Se ha convertido en un pecado opinar, el no estar de acuerdo, y hasta no expresar tu opinión, el no ser solidario.

-¿Qué opinión tiene sobre el retiro del patrocinio a Palo de Agua por presiones del Gobierno y las últimas acciones violentas en una función de ? Jesucristo Superestrella

-Esto cada vez se parece más a lo que sucedía en Chile y Argentina, durante la dictadura (años 70). Nada de eso es ingenuo, no puedo pensar ni siquiera que eso sea un ataque directo a Palo de Agua o a la Universidad Central de Venezuela, en el fondo es lo mismo: actuar con violencia contra la gente que no quiere seguir la corriente, contra la gente que quiere hacer otro tipo de proyecto que no es el proyecto del pensamiento único del Gobierno. Sería doloroso que los artistas jóvenes y no tan jóvenes sintieran la misma necesidad que tuvieron los chilenos y los argentinos, en su momento, de irse de su país y tratar de trabajar en otras partes, porque eso les dejaría libres los espacios a esas personas que no sabemos quiénes son.

-¿Es desesperanzador el panorama o hay una luz?

-La luz tiene que venir con el cambio de pensamiento de la gente que maneja hoy en día la cultura oficial.

agomez@eluniversal.com
Ángel Ricardo Gómez
EL UNIVERSAL

 

Alcaldía Metropolitana de Caracas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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